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Conceptos clave

En los últimos años, la regulación medioambiental ha aumentado significativamente, en paralelo a una sociedad más participativa y dotada de una mayor concienciación ambiental, que reclama la intervención de las administraciones públicas con el objetivo de garantizar el bienestar y la calidad de vida. En este sentido, destaca el aumento del número de quejas recibidas en las distintas administraciones sobre aspectos que hasta hace pocos años no eran objeto de reclamación, como es el caso de las molestias por ruido y olores. Por lo que se refiere a la contaminación odorífera, los datos actuales indican que representa un 30% de las denuncias y quejas recibidas en las distintas administraciones territoriales.

Estas nuevas demandas se reflejan en los informes anuales del Síndic de Greuges de Cataluña, así como en la instancia del Parlamento de Cataluña hacia el Gobierno de la Generalitat para regular la contaminación odorífera.

La contaminación por olores no es un concepto nuevo, y ya se incluye como un factor de contaminación en la Ley 22/1983, de 21 de noviembre, de protección del ambiente atmosférico. También el Tribunal Europeo de Derechos Humanos y la jurisprudencia contenciosa-administrativa han declarado que la contaminación por olores puede llegar a afectar en determinados supuestos el derecho a la intimidad domiciliaria de las personas.
La norma UNE-EN 13725 define el olor como 'la propiedad organoléptica perceptible por el órgano olfativo cuando inspira determinadas sustancias volátiles'.

El olor es una reacción sensorial de determinadas células situadas en la cavidad nasal. La relación entre olor y molestia percibida es compleja de definir. En ella confluyen factores físicos y químicos fáciles de determinar, pero también otros de carácter subjetivo más difíciles de evaluar, como por ejemplo el carácter agradable o desagradable del olor (tono hedónico), la sensibilidad de cada persona, o el entorno en el que es percibido.
Fecha de actualización:  04.03.2009