Realizar cualquier actividad humana conlleva casi siempre un nivel de sonido más o menos elevado.

Según el tipo, la duración, el lugar y el momento en el que tiene lugar, el sonido puede resultar molesto, incómodo e incluso puede llegar a alterar el bienestar fisiológico o psicológico de los seres vivos. En ese caso, se denomina ruido y se considera contaminación.

La contaminación acústica puede definirse como el incremento significativo de los niveles acústicos del medio y es uno de los factores importantes de deterioro de la calidad ambiental del territorio.

El sonido es una vibración que se propaga en un medio, gas, líquido o sólido que el oído es capaz de percibir. En el aire, la energía de las ondas sonoras se propaga a una velocidad de 340 m/s; en líquidos y sólidos, la velocidad es superior: 1.500 m/s en el agua y 5.000 m/s en el acero.

La magnitud que se utiliza para evaluar la perturbación del estado de equilibrio del medio en el que se propaga la onda sonora es la presión sonora, que es la variación de presión por encima y por debajo de la presión atmosférica y se mide en pascales (Pa).

Las presiones sonoras son muy pequeñas en comparación con la presión atmosférica, que es de 101300 Pa. El umbral auditivo, es decir, el nivel mínimo de presión sonora de un sonido para que sea audible, es de 20 micropascales. El umbral de dolor auditivo, en el que la presión sonora es tan elevada que puede producir dolor al tímpano, es de unos 20 pascales.

Como el oído no responde linealmente a los estímulos que recibe, sino que más bien lo hace de manera logarítmica, es conveniente expresar los parámetros acústicos como una relación logarítmica entre el valor que se mide respecto a un valor de referencia.

Esta relación se denomina decibelio (dB). Así, la escala lineal con cifras altas se convierte en una escala mucho más manejable, que comprende desde 20 micropascales en el umbral auditivo dolor, equivalentes a 0 dB, hasta 20 pascales en el umbral de dolor, que corresponden a 120 dB.

El número de variaciones de presión por segundo se denomina frecuencia del sonido y se mide en hercios (Hz). La percepción auditiva de una persona normal comprende desde 20 Hz hasta 20.000 Hz; sin embargo, la respuesta de nuestro oído no es lineal. El oído humano filtra o atenúa más los tonos graves o frecuencias bajas que los agudos o frecuencias altas.

Para simular una curva de atenuación parecida a la del oído humano, se adoptó, internacionalmente, una curva o filtro llamado A. Este se ajusta aproximadamente a la respuesta del oído humano y proporciona unos resultados que se expresan en decibeles A, dB(A).

Subjetivamente, el cambio mínimo perceptible por el oído humano es de 1 dB, y para que los sonidos parezcan significativamente más elevados es necesario un aumento de entre 8 y 10 dB. 

Fecha de actualización:  10.03.2009